En rojo, Fernando Alonso luce mayor presencia. No sólo dentro de ese coche que ilusionó en el estreno, sino también fuera, a un primer vistazo. Atrás queda el rostro enjuto de 2009, los kilos rebajados al límite por culpa del KERS –el sistema de aceleración caído ya en el olvido–, que engordaba el peso de los coches. Ahora, prima el músculo. ¿El motivo? Los monoplazas convertidos en vehículos de carga por culpa de los tanques repletos de gasolina. Las primeras curvas de cada carrera, domando una máquina de casi 850 kilos, serán para valientes, para los mejores atletas, los más resistentes.
Los tres pilotos españoles han pasado el parón invernal en zapatillas de deporte. Cada uno con cualidades muy distintas. Jaime Alguersuari, obligado por contrato. Red Bull le ha exigido un importante aumento de su potencia física para continuar en la Fórmula 1. En su entorno garantizan que el chico ha cumplido. Gimnasio en el Centro de Alto Rendimiento de Sant Cugat, bicicleta por la montaña, carrera… Dicen que en su escudería están muy contentos con el progreso.
A Fernando Alonso, como siempre, le ha moldeado Fabrizio Borra, su fisioterapeuta y mano derecha. El objetivo ha sido subir en la báscula cuatro kilos, de los 63 del pasado año a los 67. En Cheste estaba en 68… antes de enlazar 127 giros en la pista. Hoy y mañana, si la lluvia no altera la jornada, tiene por delante otro maratón para seguir afinando el F10 y limar, si sigue ahí, ese kilito.
Pese a haber volado sobre el circuito de Cheste y haber marcado el mejor registro con diferencia en el primer gran test del curso 2010 de Fórmula 1, Fernando Alonso no dio rienda suelta a la euforia. “Estoy contento con el coche. He podido hacer todo el trabajo y la fiabilidad ha sido buena pero aún queda mucho camino por recorrer”, fue a lo más que llegó.